El Puerto que Late al Ritmo de México

Nota del Editor: Este artículo fue publicado por www.t21.com.mx

Con el 90% de su negocio ligado al vecino del sur y a punto de cumplir 90 años, el puerto marítimo texano acelera su transformación ante la incertidumbre del T-MEC y los retos en la frontera.

La integración económica entre México y Estados Unidos no solo ocurre en los acuerdos comerciales o en las cifras de intercambio anual; se vive todos los días en la frontera, donde miles de industrias dependen de un flujo constante y preciso de mercancías.

En este entramado, el Puerto de Brownsville -sureste de Texas- se ha consolidado como una pieza estratégica para el noreste mexicano, un punto donde la manufactura, la logística y el comercio encuentran continuidad. Para empresas de Monterrey, Saltillo, Reynosa o Matamoros, el Puerto de Brownsville no es un destino, sino una extensión operativa de sus cadenas productivas, un corredor que permite acelerar procesos, reducir costos y asegurar la competitividad regional. No es casualidad: cerca del 90% del negocio del puerto está directamente vinculado a México, lo que confirma la profundidad de esta interdependencia.

Esa integración profunda, más fuerte que cualquier tensión política, es el eje de la conversación con William Dietrich, director general del Puerto de Brownsville, y Ervey González, asociado de Desarrollo de Negocios y Desarrollo Económico. Ambos resaltan en entrevista con T21 que el ecosistema binacional funciona con una lógica interdependiente que no puede detenerse por debates coyunturales.

“Somos una región, una economía muy integrada”, afirma González, subrayando que el ciclo productivo entre Brownsville y México es un ejemplo vivo del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC): materias primas que llegan al puerto, se transforman en México y regresan como bienes terminados a Estados Unidos o Canadá.

Dietrich agrega una dimensión que rara vez aparece en las discusiones federales: la frontera como comunidad compartida. “Nosotros no vemos a México como otro país. Para nosotros es parte de nuestra comunidad”, dice. Lo que para muchos es una línea divisoria, para los habitantes de esta región es un territorio continuo donde la vida social y la operación económica se entrelazan. Esa realidad explica por qué el puerto marítimo opera como un agente binacional, y por qué cualquier choque político repercute de inmediato en la eficiencia logística.

 

Frontera lenta, riesgo creciente

A pesar de ello, Dietrich reconoce que la relación entre México y Estados Unidos pasa por un periodo de estancamiento. Su preocupación apunta a un riesgo mayor: que Asia capitalice las dudas y avance en la captación de inversiones que podrían consolidarse en Norteamérica.

“El mundo está en una guerra económica y si Asia se viene a construir sus fábricas aquí, ese dinero no se va para nuestra gente”, afirma. Para él, la región ya demostró que la cooperación funciona; lo que falta es que las decisiones políticas no interrumpan ese equilibrio.

Uno de los puntos donde más se reflejan esas tensiones es en los cruces fronterizos. Las demoras y procesos duplicados generan pérdidas millonarias e interrumpen operaciones just in time (justo a tiempo).

“Estas demoras en las cadenas de suministro cuestan mucho”, recuerda González. Por ello, ambos insisten en recuperar el modelo de aduanas conjuntas, que ya funcionó en esta frontera y hoy opera en otros puntos con resultados positivos. “La puerta está abierta, pero tenemos que movernos más rápido”, enfatiza Dietrich, señalando que la eficiencia fronteriza es clave para evitar que la región pierda competitividad global.

Mientras tanto, el Puerto de Brownsville avanza en proyec­tos que buscan ampliar su capacidad y atraer más inversiones. La profundización del canal de navegación -de 42 a 52 pies- permi­tirá recibir buques de mayor calado, reduciendo costos logísticos y abriendo nuevas oportunidades para el comercio marítimo. A ello se suma un permiso presidencial para construir un puente in­ternacional exclusivo para mercancía, una autorización poco co­mún que Dietrich describe como “oro” y que podría transformar el cruce fronterizo. Sin embargo, su ejecución requiere coordinación inmediata entre ambos gobiernos, algo que, según el directivo, no puede seguir posponiéndose.

 

Plataforma industrial en expansión

El parque industrial del puerto también se expande con rapidez. Con infraestructura completa, el Puerto de Brownsvi­lle ha comenzado a atraer a empresas como Westa Foods, que producirá aceite de girasol para cadenas de autoservicio. Otras compañías transforman ace­ro y componentes directamente en el puerto, forta­leciendo una tendencia creciente: agregar valor en origen.

“Nos vamos a convertir más en esa industria de fabricación”, afirma González. Con más de 40 mil acres, el puerto se posiciona como un polo industrial preparado para absorber parte del nearshoring que llega a la región. Esta evolución adquiere un matiz simbólico adicional ante una fecha clave: el puerto está próximo a celebrar su 90 aniversario el 16 de mayo de 2026, un hito que coincide con uno de los periodos de mayor transformación logística de su historia reciente.

Los impactos económicos ya son notorios. El Puerto de Brownsville aporta alrededor de 12 mil millones de dólares a la economía texana y genera más de 66 mil empleos directos e indirectos. Pero ese crecimiento, aseguran, depende de resolver un asunto crítico: el T-MEC.

“Los comerciantes no quieren poner dinero en algo que se va a detener, tenemos que arreglar este T-MEC hoy”, insiste Dietrich. Su postura es clara: la incertidumbre inhibe la inversión y pone en riesgo la estabilidad de una región cuyo comercio depende de continuidad y certidumbre.

Esa visión integrada también revela una verdad que am­bos ejecutivos consideran ineludible: la región no puede dar­se el lujo de operar con inercias del pasado. La competencia global -marcada por subsidios, alianzas tecnológicas y reloca­lización estratégica de plantas- exige que México y Estados Unidos actúen como un bloque económico que priorice fluidez, seguridad y certidumbre.

Dietrich sostiene que la frontera tiene el potencial de convertirse en un corredor industrial de primer nivel, pero ad­vierte que la oportunidad podría evaporarse si los gobiernos no actualizan sus marcos regulatorios y no impulsan inversio­nes coordinadas. González coincide y enfatiza que el puerto ya recibe consultas de empresas que buscan integrarse al mercado norteamericano, pero muchas esperan claridad po­lítica antes de comprometer capital. Para ambos, la integra­ción logística debe ir acompañada de reglas claras, infraes­tructura robusta y una visión compartida capaz de sostener el crecimiento regional.

 

El Puerto de Brownsville: Listo para lo que viene

En ese contexto, el futuro del puerto no solo depende de su infraes­tructura, sino de su capacidad para convertirse en un catalizador de confianza en medio de la incertidumbre global. El Puerto de Brownsville ha demostrado que puede adaptarse, atraer inversión y operar con estándares competitivos, pero necesita que México y Estados Unidos protejan el ecosistema binacional que ha per­mitido este desarrollo. De lograrlo, la región podría consolidarse como el corredor productivo más diná­mico de Norteamérica, un ejemplo de cooperación transfronteriza donde la logística no divide, sino que une economías, comunidades y oportunidades a am­bos lados de la frontera. Y, según ambos, el Puerto de Brownsville está preparado para dar ese salto.

El puerto marítimo no solo cuenta con infraes­tructura robusta, sino con una visión estratégica que reconoce que la interdependencia entre México y Estados Unidos no es un obstáculo, sino su mayor fortaleza. En un momento en que el T-MEC enfren­ta tensiones, el puerto asume un papel activo para sostener la certidumbre y facilitar el flujo comercial que sostiene a miles de empresas.

Para Dietrich y González, la región ya opera como una sola unidad económica y debe ser tratada como tal: un espacio donde la eficiencia, la colaboración tecnológica y la coordinación regulatoria serán determinantes para competir frente a Asia y Europa. El Puerto de Brownsville, aseguran, está listo para esos desafíos. Tiene el talento, la ubicación, el respaldo industrial y, sobre todo, la convicción de que esta zona binacio­nal -profundamente entrelazada en su vida diaria, en su comercio y en su historia- puede convertirse en el motor estratégico que consolide el futuro económico compartido de ambas naciones.

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